Los gays que prefieren viajar al extranjero

Cuando todavía se está afianzando la fama de la isla de Fuerteventura no sólo como un destino turístico convencional, sino también como uno de los preferidos para el colectivo LGTBI, me pregunto qué es lo que falla en realidad: si la mala publicidad, la fama excesiva de otros lugares, o directamente que los lugareños pensamos que este lugar es mejor de lo que es. La verdad, no acabamos de alcanzar la celebridad que necesitamos como un destino para el turismo gay, a pesar de que todo turista homosexual que viene aquí, no se lo piensa al venir una segunda vez.

Sin embargo, no acabo de ver qué es en lo que no acertamos para convertirnos en un referente, como le pasa al turismo gay en sudamerica. A pesar de que se tiene la idea de que la sociedad y mentalidad de los sudamericanos es mucho menos liberal que la nuestra (y no es que yo lo niegue, es sólo un apunte), hace años que muchos de sus lugares son referentes para el colectivo homosexual en general, pero mucho más para los gays. Sin embargo, Fuerteventura, a pesar de sus muchas y buenas cualidades, no acaba por consolidarse como un lugar de referencia latino para este colectivo. ¿Qué es lo que nos diferencia de ciudades como Buenos Aires, Bariloche o Río de Janeiro en este sentido? Para mí, la cuestión no está muy clara.

A veces pienso que el sexo gay latino, que no está muy extendido por el porno homosexual en internet, es la causa del problema, más allá de otros fallos o carencias que podamos tener. La fama de los latinos no es precisamente gracias a su homosexualidad, sino a su fogosidad y, equivocadamente, se les considera mayoritariamente heterosexuales; así, ver a un hombre de estas características en la cama con otro hombre se hace un poco extraño para los que no son gays, que, por otra parte, son los menos consumidores de este tipo de pornografía, ¿o no es así? Y para los que son gays y gustan de hombres latinos liándose con otros hombres, parece que sacan del saco a los españoles, y a todos los varones de la cuenca mediterránea que, al fin y al cabo, somos tan latinos como todos los sudamericanos. Una interesante circunstancia, ¿no os parece?

Y que conste que digo esto por puro interés comunitario y no personal, pues, lo que es por mi parte, estoy bastante satisfecho con el turismo, homosexual o no, del que disfrutamos en Fuerteventura. A pesar de gustarme la juerga como al que más, no llegan a gustarme las multitudes y las aglomeraciones, y aunque no se puede decir que los veranos aquí sean solitarios y con poco afluencia de visitantes, la verdad es que no se puede comparar con otros lugares que ya llevan la fama a cuestas como destinos turísticos para gays. Eso puede ser malo para la isla, en referencia a su economía, y en eso estoy pensando al plantear estas dudas; pero soy consciente de que, si de repente nos convirtiéramos en un referente como destino turístico, las cosas nos cambiarían bastante, y en lo que me respecta a mí, seguramente no sería todo bueno. Claro que para no ser egoísta, y pensar en el “bien común“, como dicen por ahí, hay que tener una vista amplia y en conjunto; así que seguiré pensando en cómo potenciar el lado turístico de la isla en la que vivo, aunque sea gracias a este blog y la oportunidad que se me ofrece.

Por supuesto, se apreciaría la ayuda de quién quiera venir a comprobar que todo lo que cuento es tan bueno como lo cuento, e incluso, mejor.